LA LLORONA

LA LLORONA

Una de las leyendas chilenas que, desde el norte, pasando por centro y hasta llegar al sur de Chile aterroriza a cualquier persona y advierte las andadas de noche por calles con ríos cerca.

En Chile esta es la leyenda que cuenta la agonía de María de Los Remedio, una mujer elegante y hermosa.

Fue casada a la fuerza con un rico y próspero comerciante, don Gracián Palma de Montes de Oca, celebraron su boda a lo grande.  Luego de casarse vivió en una gran casa, aislada y refugiándose en su jardín lleno de flores. María asistía a la iglesia cada mañana y percibía la mirada de admiración que le daba Juan de la Cruz, un fontanero de clase baja.

Halagada por esos ojos almendrados que la hacían suspirar, le daban la esperanza en el amor que le había robado el casarse contra su voluntad.

La casa de María requería los servicios de un fontanero.

El primer lampista que llegó no encontró el problema así que recurrieron a los servicios de Juan de la Cruz, con gran alegría llegó a casa de María.

El fontanero fingió no encontrar el problema tan rápido como lo había hecho, así que pasó varios días llegando a casa de María fingiendo trabajar.

Al pasar unos días, Juan confesó saber que ocurría y trabajó en arreglarlo. María lo invitó a pasar para platicar, en ausencia de su esposo María seguía encontrándose a escondidas con Juan.

Un impulso, hizo que esta leyenda quedará escrita para asustar siempre

Una noche, el amor impulsó a Juan y se deslizó por la ventana del cuarto de la muchacha. Se confesaron su amor hasta impregnarse en la piel el latido de sus corazones hasta el amanecer.

Al pasar unos días, María inició con fuertes dolores de cabeza y náuseas, Juan llevó una curandera del pueblo y les dijo que María estaba embarazada.

Atormentada y asustada por cómo actuaría su esposo, se escondió de todos incluyendo a Juan de la Cruz.

Una fiel sirvienta fue quien atendió el parto.

La noticia que más temía llegó a oídos de María; su esposo estaba por llegar a casa. María con miedo comenzó a correr hasta llegar a un río, donde la luz de la luna y el silencio de la noche fueron testigos que ella sumergió al bebé en las aguas frías del río.

Arrullado por el silencio de la noche, el bebé soltó el último suspiro bajo el agua y la última burbuja de agua anunció su muerte.

En el instante el esbelto y espigado cuerpo de María se transformó por completo, su rostro se desfiguró y la belleza que todos le atribuían se había ido con el acto cometido.

Quedó condenada a andar con la pena de haber perdido a su hijo en las frías aguas y soltó un grito escalofriante» aaaaay mi hijoooooooo».

Cuidado porque si la escuchas lejos anda cerca y si el grito es a distancia larga, aún tienes tiempo de correr antes que llegue a tu alrededor.

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