ECONOMÍA: CADA DÍA CON MENOS MARGEN DE ACCIÓN

El ingreso de Daniel Scioli al gabinete económico le abre un nuevo frente a Martín Guzmán. Sobre todo, porque el ex embajador en Brasil exhibe una inclaudicable voluntad presidencial (a pesar de la derrota de 2019) y demuestra una importante resiliencia política a Cristina Kirchner. Por otra parte, degrada de alguna manera el caudal técnico-político de Desarrollo Productivo. Son previsibles nuevas medidas para “ahorrar dólares”, en una reversionada novela, gaucha y cerril, de la sustitución de importaciones. También, según otras versiones, habrá otra vuelta de cepo. Para generar empleo sin inversiones a la vista, siempre quedan las dependencias públicas, del tipo ANSeS, PAMI, YPF, IESA, Aerolíneas y tantas otras nacionales, provinciales y municipales (en este caso paga mucho la “cooperativa”).

El problema para Guzmán, en este caso, es cómo decirle no a un par (formalmente, claro), que llega como un puente de plata con otra pata del oficialismo. Con Kulfas ese problema no existía. Para Alberto Fernández, quizás los problemas sean mayores. Pero el Presidente tiene un poco más de tiempo antes de preocuparse en serio por su potencial reelección.

El ministro tiene en estos días algunas horas de alivio todavía. La mala praxis financiera del ANSeS y del Banco Nación provocó un derrumbe de los bonos en pesos y una caída algo menor en los dolarizados. Un número para calcular el grueso error de dos entidades manejadas por personas afines a la vicepresidenta: el Banco Central tuvo que utilizar $150.000 millones para frenar la corrida contra los títulos públicos. Los inversores salieron sin tener en cuenta las pérdidas. Como nunca, el “efecto manada” fue masivo. Y por supuesto se reflejó en la suba de los “dólares alternativos”, básicamente los bursátiles. Por eso llegaron casi a $240 y la causa es simple: se trata de plata “blanca”. Operada mediante bancos, por eso el “blue” subió un poquito, pero luego bajó. De todas maneras, y a modo de un principio innegociable: lo que importa son el CCL y el MEP (tarea para googlear). Por ahí se maneja la plata grande.

La aparente corrida contra el peso, luego de un 5,1% de inflación, 29,3% en el año y un 60,7% interanual, no debería sorprender demasiado. No es mala onda, pero los números del gobierno, los propios, los de la administración de los recursos públicos (los suyos, los míos, los nuestros) son preocupantes. Y el desembarco de Scioli, uno imagina poniéndose en la piel de Guzmán, pueden agravarlos.

Está en marcha una especie de operativo “pro waiver” (dispensa, no perdón, según aclaró un atento lector) para el segundo trimestre del año. El Fondo ya aceptó renegociar la meta de inflación de entre el 38% al 48%, una fantasía heroica, para estacionarla en la vereda del 60%. Por ahora. Pero quedan algunos “temitas” del segundo trimestre: reservas, déficit, dólar, emisión, tasa real positiva, entre otros que hacen a la ingeniería de un programa económico más o menos consistente. Sin exagerar.

Ya se sabe que no se podrá cumplir con el número de las reservas. Como en el caso de la inflación, la responsabilidad recaerá sobre la guerra producto de la invasión rusa a Ucrania. El aumento en la factura de energía será el débito que aceptará la gente de Kristalina. Respecto del dólar, recomendamos la lectura de la nota de Annabella Quiroga (“Hasta dónde tendría que subir el dólar…”) publicada hoy en el punto com., para tomar idea del atraso en el precio de la divisa respecto de la inflación. Y no es un dato menor teniendo en cuenta el efecto de la brecha entre el dólar oficial y los otros.

Como en el caso del árbol en el Jardín de las Delicias (un saludo afectuoso al Bosco), las ramas de los problemas se bifurcan de manera geométrica. Así que vamos a tratar de conformarnos con un humilde eucaliptus, por caso, y acotar el objeto del análisis.

El eje es el déficit, que en apenas 12 meses trepó unos US$21.000 millones de dólares (oficiales) y que no da avisos de frenada. Y todo eso se financia, según el acuerdo con el FMI, con deuda asumida en el mercado interno, ya que la emisión está acotada el 1% del PBI, que no suena a mucho. Pero el stock de deuda en pesos sigue en las alturas de los US$43.000 millones en pesos a tasa variable y US$73.000 en pesos ajustada por CER. Cifras redondeadas y disponibles en la página web del MECON. No se incluye la deuda del BCRA para no elevar la presión de los lectores. Pero es mayor aún. Las versiones sobre “reperfilamiento” también jugaron en contra, hay que reconocerlo.

Esto representa, con buena voluntad el 25% del PBI. No parecería gran cosa. El tema es que la tasa variable no bajaría del 65% y sólo consigue roll over hasta fines de este año. Respecto de 2023 (año electoral si los hay) la tasa que pedirán los inversores no bajaría del 70/74%, con suerte. En otras palabras: por no hacer nada, el Estado paga el 65% anual. Y si la inflación no se calma, esa tasa seguirá creciendo. Y, al llegar al sector privado, el costo financiero sería impagable.

La deuda en dólares, algo más de los US$250.000 millones, tiene rendimientos estrafalarios en la frontera con títulos en default (llega hasta el 40% en algunos papeles). Con una paridad menor al 30%, son una tentación para los buitres que nunca tienen apuro.

Y poco se hace para reducir el déficit, la causa de toda la deuda que algún día habrá que afrontar. Sobre todo, porque hay muy pocas certezas sobre 2023. Y si suben los dólares alternativos, se ampliará la brecha. Y veremos un escenario de tensiones cada día más marcadas. Para no sumar las incertidumbres globales y el fly to quality (o safety, como gusten) producto de la suba de tasas que en caso de la FED llegó a 75 puntos básicos (0,75%), el más alto desde 1994.

Por eso, ya jugado el segundo trimestre, Economía debería pensar en los números del tercer trimestre y prender varias velas al cuarto de este año que el FMI evaluará en 2023. El margen es cada vez más acotado y los tiempos corren.

No la tiene, ni la tendrá, fácil Martín Guzmán. Queda por ver, ahora, los márgenes de libertad y de apoyo político de los que podría disponer con el nuevo equipo en Desarrollo Productivo y la proa mirando a 2023. Aunque parezca muy pronto.

Por  Oscar Martínez– Clarín Bolsillo

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