SOBRE EL RUMBO DE LA PATRIA (reflexiones de un ciudadano)

SOBRE EL RUMBO DE LA PATRIA (reflexiones de un ciudadano)

Estimado lector, aclaro que no soy historiador ni sociólogo, ni menos politólogo; y lo que voy a expresar lo digo en mi carácter de simple ciudadano. Pero fundamentalmente como argentino.

Cuando miro el Monumento al General José de San Martín, y veo el clásico gesto con el que se lo inmortalizara -brazo derecho extendido señalando el camino a seguir- me cuesta entender por qué los argentinos estamos tan ocupados en y pendientes de disputas ideológicas que nos dividen, nos paralizan, que nos hacen olvidar los objetivos importantes y como corolario, llevan a que el país retroceda. Y, en definitiva, que carezcamos de un rumbo cierto hacia el cual dirigirnos.

Que el país está retrocediendo no es una simple apreciación subjetiva. Todos los indicadores a los que podemos recurrir y consultar en cuanto a por ejemplo la evolución económica, social o educativa, lamentablemente demuestran que esa es la triste realidad.

Si tratamos de buscar una explicación a la situación referida, se me ocurre que en una primera instancia tenemos algunos aspectos para analizar. Quizás podemos pensar que en el momento de las elecciones no estamos eligiendo correctamente a la gente que nos va a gobernar, aunque no es una cuestión de nombres y apellidos solamente.

En este punto, resulta muy importante tener en cuenta que el voto no debe ser un acto mecánico, sino un ejercicio de reflexión.

Pero lo realmente grave es que quienes se postulan para los distintos cargos, estando ya en funciones, muestran y en buen número las carencias y defectos que previamente se ocuparon de ocultar: incapacidad, impericia, mendacidad, entre otros. Sin dejar de lado aspectos que pueden aparecer en la gestión misma, como la obcecación, la ceguera ante hechos concretos, la soberbia, la falta de empatía, y el vivir en una realidad distinta a la de los demás mortales, un mundo irreal. Y también como se dice habitualmente, en lugar de servir al país se sirven de él.

Indudablemente esa situación nos muestra un país enfermo, al que debemos atender para que se cure. Y aquí es importante que pensemos en la necesidad de realizar algunas correcciones en ciertos aspectos del funcionamiento democrático: resulta inaceptable que todavía no tengamos la denominada “ficha limpia” para los candidatos a ocupar cargos. Es una incongruencia total que elijamos a personas que al momento de la postulación ya cuentan con algún procesamiento, y que después utilizan su mandato para lograr el amparo de los fueros, ante nuestra mirada y resignación.

O que no nos pongamos de acuerdo en elegir y establecer un sistema electoral que impida o haga disminuir al mínimo, la posibilidad de algún tipo de engaño o fraude.

En este momento, en el que estamos embarcados en la discusión de tantas cuestiones ideológicas que desvían nuestra atención y realmente no conducen a nada, sería importante considerar si no debemos volver a la esencia misma del hombre, de la vida, del ser nacional (la identidad basada en el concepto de nación y con el sentimiento de pertenencia a esa nación), y al sentido común. Con el que seguramente vinimos al mundo.

En esa dirección, y observando la fotografía que acompaña este trabajo y muestra la imagen que yo quise ver del monumento, se me ocurre pensar lo siguiente: desde el contorno de la sombra que nos dejó su ausencia física, con el aura del cielo celeste y blanco que lo envuelve, y a partir de su genio y pensamiento que lo trascienden, el General San Martín nos está marcando con sus valores morales, el inicio del camino: la virtud personal.

José de San Martín concretó hace más de 200 años una de las gestas más extraordinarias: el Cruce de los Andes.

La magnificencia de ese hecho nos indica la disposición que tuvo para las grandes empresas. Es indudable que su figura es digna de ser tomada en cuenta para seguir sus consejos y sus pasos.

Razonemos cada una de las siguientes frases, que son algunas de las tantas que dejó para la posteridad, y muestran la claridad de su pensamiento:

Mi sable nunca saldrá de la vaina por opiniones políticas / La conciencia es el mejor juez que tiene un hombre de bien / Cuando la patria está en peligro todo está permitido, excepto no defenderla / Mi mejor amigo es el que enmienda mis errores o reprueba mis desaciertos / Si somos libres todo nos sobra / Hace más ruido un hombre gritando que cien mil que están callados / Sacrificaría mi existencia, antes de echar una mancha sobre mi vida pública que se pudiera interpretar por ambición (no olvidemos que San Martín falleció el 17 de agosto de 1850, en medio de muchos conflictos económicos y en soledad.) / Para los hombres de coraje se han hecho las empresas / La seguridad individual del ciudadano y la de su propiedad deben constituir una de las bases de todo buen gobierno / Miro como bueno y legal todo gobierno que establezca el orden de un modo sólido y estable. / No se debe hacer promesa que no se pueda o no se deba cumplir / El camino más seguro de llegar a la cabeza es empezar por el corazón / La ilustración y fomento de las letras son las llaves maestras que abren las puertas de la abundancia y hacen felices a los pueblos.

Otra frase que se le atribuye, pero la dejo en un apartado porque el Instituto Nacional Sanmartiniano informa no tener registro de algún documento que la contenga, es: “La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder.”

En el sitio web del Instituto mencionado, y en referencia a las frases y pensamientos que nos legó el Libertador San Martín, con total justeza se expresa el siguiente párrafo: “Estos pensamientos representan las normas de una vida de excepción, consagrada a consolidar la dignidad del hombre, en base a los austeros principios con que acuñó la libertad de medio continente.”

Indudablemente, ese podría ser un muy buen cierre para este artículo. Pero quiero proponerles mi modesto cierre. La descripción que desarrollé en el presente trabajo es una visión de la situación. En este caso, mi propia visión. Y como soy consciente de mis limitaciones, y de que como individuo aislado “no puedo dar batalla” ante la magnitud de los hechos, trato mediante estas palabras de dejar algunas semillas de pensamientos y reflexiones. Que quizás puedan volverse coincidencias.

Y en esta instancia recurro a la comunicación, para que en la función que le es propia y actuando como un viento o brisa, las lleve y desarrollen su vida. Como es el caso de esas plantas que, en el lugar menos pensado, nacen y crecen solas. Semillas que ojalá puedan llegar a todos los que lean este escrito, porque probablemente así podamos encontrarnos en el punto de inicio del camino que buscamos: el Rumbo de la Patria.

Recién ahí estaremos en condiciones de decir, que llegamos a un muy buen final. (Diario La Opinión de Rafaela) Por Víctor Hugo Ibáñez

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