LA MUERTE DE GÜEMES

LA MUERTE DE GÜEMES

Luis Oscar Colmenares, en Martín Miguel de Güemes, publicado por el Senado de la Nación en el año 2005, reseñó los últimos años de vida del prócer. El autor, escribió:  La revolución tucumana del 11 de noviembre de 1819 contra el gobernador Feliciano de la Mota Botello, motivó que ascendiera al gobierno de Tucumán don Abraham González. Pero el 19 de mayo de 1820 era elegido gobernador don Bernabé Aráoz, quien el 6 de setiembre del mismo año fue

proclamado Presidente Supremo de la República de Tucumán.

Desde su destitución como gobernador de Tucumán, en 1817, por el Director Pueyrredón, a pedido de Belgrano, Aráoz debe haber sentido animadversión por Güemes. Sin embargo, el gobernador de Salta llegó a decirle al gobernador de Tucumán, en carta del 19 de agosto de 1820, lo siguiente: En una palabra, me debe a mí la vida y otras cosas más que las ignora… A partir del momento en que Aráoz gobernó nuevamente Tucumán, esa enemistad tuvo un rol decisivo. En la precitada nota, Güemes agregó:

Usted sostiene aun a los godos contra mi autoridad y a mis enemigos les permite tiren y vayan contra mí públicamente. Mis insinuaciones oficiales las mira usted con desprecio y en fin todo usted se vuelve una pura tramoya para desconceptuarme: en la guerra negándome los auxilios, retardándome las comunicaciones, buscando pretextos privados para demorar la organización de mi ejército, acogiéndose a las determinaciones de su Congreso, sin atender el grave mal que va a sufrir la Nación con la falta a la combinación con el general San Martín.

Esta postura de Aráoz fue acentuándose día tras día. Y cuando el gobernador Felipe Ibarra solicitó a Güemes ayuda contra Araoz, quien atacaba Santiago del Estero e impedía el envío de la ayuda santiagueña para el ejército de observación, el gobernador de Salta ordenó que esta fuerza regresara de Humahuaca y marchara sobre Tucumán. Contó para obrar así con el consentimiento de la Asamblea Electoral y del Cabildo de Salta.

Güemes tomó el mando de las fuerzas y avanzó hacia Tucumán. Tras penetrar en ese territorio venció a las tropas de Aráoz (que comandaba don Cornelio Zelaya), en Acequiones y llegó hasta Tapia, donde instaló su Cuartel General. Creyó la lucha definida y regresó a su provincia delegando el mando en el coronel Alejandro Heredia, pese a ser tucumano. Pero el 3 de abril de 1821 el coronel Abraham González (que había reemplazado a Zelaya) venció a Heredia en el Rincón de Marlopa.

Enterado el general Olañeta de lo que ocurría entre Güemes y Aráoz, decidió invadir nuevamente la provincia. El gobernador sustituto, don José Ignacio Gorriti, resolvió partir al encuentro de las avanzadas enemigas, que habían ocupado la ciudad de Jujuy. El 29 de abril, Gorriti vencía y tomaba prisioneros a todos los integrantes de la vanguardia realista, incluso su jefe el coronel Guillermo Marquiegui. Frente a este contraste, Olañeta retrocedió hasta su cuartel general en Tupiza.

Por su parte Güemes, se dirigió nuevamente a tomar el mando de su fuerza, que se encontraba en Rosario de la Frontera, hasta donde había retrocedido después de la derrota que sufriera Heredia.

Encontrándose en este punto, el coronel Jorge Enrique Vidt, jefe de su vanguardia, venció a las tropas tucumanas, reconquistó el terreno que había perdido Heredia y se estableció en Cañada de Los Nogales, a diez kilómetros de Tucumán. Se aprestaba Güemes a avanzar con el grueso de su fuerza, cuando se le informó que había tenido lugar en la capital salteña la revolución del Comercio. El 24 de mayo de 1821 los revolucionarios en su mayoría comerciantes y cabildantes, habían aprovechado la ausencia de Güemes para apoderarse del gobierno y deponerlo. Como el gobernador delegado, José Ignacio Gorriti, se negará a asumir el gobierno en propiedad, designaron gobernador al coronel Saturnino Saravia.

Güemes marchó de inmediato, con algunos de sus hombres hacia Salta, donde arribó el 31 de mayo. Se impuso sin luchar, por cuanto las milicias que apoyaron a los revolucionarios, en cuanto vieron al prócer, pasaron a ingresar sus huestes. Los rebeldes cerraron sus comercios y huyeron hacia Tucumán, excepto don Mariano Benítez, quien se dirigió hacia el Potrero de Linares de propiedad de su suegro; este le dio un baqueano, quien lo guio hacia el campamento realista. La sanción que aplicó el gobernador Güemes a los sediciosos consistió en hacer retirar de los comercios

las mercaderías que precisaban sus milicias –a cuyo fin hizo forzar las cerraduras- y llenar las prisiones con todos los complicados que pudo detener.

En estas circunstancias, Güemes fue informado de que otra vez Olañeta invadía la provincia.

Recurrió entonces a las divisiones que estaban en Rosario de la Frontera y que iban a avanzar sobre Tucumán y se dedicó a preparar la defensa de la provincia. El general Pedro Antonio Olañeta, sin disputa el más calificado adversario realista de Güemes, había decidido avanzar por la Quebrada de

Humahuaca y luego retroceder para dar la impresión de que se retiraba. Simultáneamente dispuso que el teniente coronel José María Valdez, con 400 hombres, avanzara por la desértica ruta del Despoblado. Esta ruta nace en las proximidades de Abra Pampa y termina en las serranías de Los Yacones, al noroeste de la ciudad de Salta, no existiendo ninguna población en todo su extenso recorrido. Valdez debía llegar sin ser visto hasta Los Yacones, marchar desde allí rápidamente de noche hasta Salta, conseguir que los revolucionarios salteños reconocieran por jefe a Olañeta y liberar a los prisioneros que había hecho Gorriti en Jujuy. El jefe realista encontró en el trayecto a Benítez,

quien le informó que Güemes había dominado la rebelión. Entonces Valdez decidió tratar de apresar a Güemes en la ciudad de Salta con sus infantes, en sigilo, acompañado ahora de Benítez, quien hizo de excelente guia desde Los Yacones a Salta.

Güemes se encontraba en la noche del 7 de junio de 1821 en su casa, atendiendo asuntos de gobierno, cuando se enteró que fuerzas realistas habían ocupado la ciudad. De inmediato trató de abandonar la plaza. Montó a caballo seguido de su escolta y llegó a la actual calle Balcarce, por donde siguió hasta la avenida Belgrano. Aquí lo esperaba un grupo realista que no pudo impedir que Güemes y su gente salvara el obstáculo y siguiera hacia el Este, pero una bala de las descargas efectuadas le penetró por el coxis, hiriéndolo mortalmente. La herida no impidió al prócer seguir a caballo en dirección al cuartel del Chamical, situado hacia el sudeste de la ciudad. Al llegar a las proximidades de ese cuartel y a efectos de no ser localizado por el enemigo, Güemes fue conducido hasta una cañada inaccesible para quien no conociera la zona, llamada Cañada de la Orqueta. Allí murió el 17 de junio de 1821, no sin que antes jurara el oficial que tomó el mando de su fuerza, el coronel Jorge Enrique Vidt, que seguiría combatiendo a los realistas hasta vencer.

El cuerpo de Güemes recibió sepultura en la Capilla del Chamical, de donde al año siguiente fue conducido a la antigua Catedral de Salta. En oportunidad de la construcción del actual templo mayor de los salteños, fue trasladado al mausoleo de la familia Güemes en el Cementerio de la Santa Cruz. En 1918, al erigirse el Panteón de las Glorias del Norte, en la Catedral de Salta, fue solemnemente trasladado a este panteón, donde es hoy venerado.

Luis Oscar Colmenares y Atilio Cornejo, fundaron el Instituto Güemesiano de Salta. El Instituto, se expandió por las provincias argentinas y algunos países, con sedes en las cuales se investiga y difunde el protagonismo del prócer de la Independencia.

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