LLUVIA Y SEQUÍA

LLUVIA Y SEQUÍA

Una de las leyendas más antiguas de los pueblos indígenas de Bolivia es la que cuenta que Pachamama, la Madre Tierra, y el dios Huayra Tata, el dios del viento, eran pareja. Huayra Tata vivía en el tope de los cerros y los abismos y, cada cierto tiempo, bajaba y vaciaba el lago Titicaca para fecundar a Pachamama, dejando luego caer el agua haciendo llover.

Este dios a veces se quedaba dormido en el lago, lo cual hacía que las aguas se turbaran. A pesar de ello, siempre regresaba a las cumbres, que era su morada de residencia habitual y, cuando lo deseaba, volvía a visitar el lago para poder volver a intimar con su pareja. Esta es la historia que cuentan los grupos de Bolivia para explicar el por qué de las Precipitaciones, la riqueza ecológica de su tierra y los ciclos del agua.

5. Origen del maíz

Hace mucho tiempo, el dios Ñandú Tampa paseaba por los Andes cubiertos de verde cuando se encontró a unos mellizos jugando solos en el monte, cuyos nombres eran Guaray (Sol) y Yasi (Luna).

El dios, al verlos tan joviales y llenos de vida, consideró que serían una muy buena compañía para su padre, el dios Ñanderu Tampa, así que antes de que los chiquillos se percataran de su presencia Ñandú los atrapó y se fue volando para entregárselos a su padre.

La madre de los chiquillos escuchó cómo sus hijos gritaban desesperados mientras el dios sin escrúpulos lo raptaba. No logró detenerlo y solo le dio tiempo para tomar a sus hijos de los pulgares del pie, que se quedaron en sus manos mientras el dios Ñandú seguía sin detenerse en su camino para darle la ofrenda a Ñanderu Tampa.

Pasado un tiempo, el dios padre habló con la madre de Guaray y Yasi en sueños. A través de ellos le dijo que sus hijos estaban bien, y le ordenó que sembrara los pulgares de sus hijos. La mujer obedeció a la divinidad y, tras un largo período de sol y lluvia, de los pulgares plantados empezaron a brotar unas plantas con forma de lanza que dieron frutos llenos de granos de todo tipo de colores: amarillos, blancos, morados, negros…

Ñanderu Tampa había obsequiado a la madre con la planta de maíz en compensación por haber perdido a sus hijos.

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