A 20 AÑOS DE LA MUERTE DE RODRIGO (ENTREVISTA)

(Por Diario Hoy)

Recorrida exclusiva por el templo que levantaron los fanáticos del cantante Rodrigo Bueno tras su trágico deceso, el 24 de junio de 2000, luego de dar un recital. Diario Hoy dialogó con Yolanda Barreto, la cuidadora del lugar.

Cuando Rodrigo Bueno decidió interpretar la canción Un largo camino al cielo, presagiaba su destino. Un día como hoy, pero del 2000, “El Potro” cordobés cantó por última vez en el viejo y extinguido boliche Escándalo Bailable, en el Camino General Belgrano.

Cerró su último recital y comenzó el camino a la inmortalidad.

Recorrió el Belgrano en dirección hacia la rotonda de Alpargatas (por entonces se subía a la autopista por ahí) y a un kilómetro del peaje de Hudson quedó tendido en el piso entre las partes de la carrocería de la Ford Explorer roja que rodó tras una mala maniobra y una discusión de tránsito con un empresario de la zona. Murió el cantante, pero nació la leyenda.

Allí, de forma espontánea y como acto reflejo para amortiguar el impacto que provocó en la sociedad el trágico accidente, los fanáticos levantaron allí un monumento, que luego se convirtió en santuario, a unos 80 metros a un costado de la autopista.

Durante los primeros seis meses después de aquel 24 de junio, miles de personas hacían largas colas para llegar.

Hasta allí también llegó diario Hoy y la Red 92 para recorrer el santuario de manera exclusiva después de 20 años, y mantener viva la promesa de “prohibido olvidar”, como siempre decía “El Potro”.

Remeras con inscripciones, cartas que se conservaron con el paso del tiempo, latas de cerveza, envases y atados de cigarrillos son algunos de los cientos de adornos alrededor de una enorme estatua dentro de una capilla que se montó por tercera vez tras varios hechos de vandalismo.

Durante todo este tiempo, Yolanda Barreto, una chaqueña de 52 años, se encargó de mantener el lugar limpio y en pie. La vecina de Berazategui y fanática del cantante cordobés solía abrir la capilla que se montó en el lugar los miércoles y los sábados. Pero este año, a raíz de la pandemia, el intendente de Berazategui le había anticipado que no iba a poder realizar la habitual ceremonia de todos los 24 de junio.

Sin embargo, gracias a la visita de la Red 92 y el diario Hoy “se cumplió el milagro de Rodrigo”, expresó Yolanda.

— ¿Cómo terminaste siendo la cuidadora del santuario?

—No me eligió nadie, me eligió Dios y Rodrigo. Porque cuando empezamos, yo empecé a ver que muchas vivían de Rodrigo y no respetaban nada. Entonces yo me fui durante seis meses y estuve ahí, cuidando. Y a los vendedores los saqué a todos para afuera porque eso es lucrar. Me iba caminando del Kilómetro 26, en tren desde Varela en ese entonces. Cuidé el lugar y comencé a hacer la primera capillita, después me lo quemaron. Hice la segunda y la rompieron toda. Hasta que hice la tercera.

— ¿Cómo llegaste a esto?

—Yo soy del Chaco, vine cuando tenía dieciocho años. Tengo tres hijos, el mayor de treinta y seis. Me quedé viuda con un niño de dos años y siempre viví en Berazategui y en Varela.

—¿Por qué lo hacés?

—Lo conocí a Rodrigo porque trabajé en Crónica TV donde hacían la bailanta, entré a esa producción y ahí grababan, y después lo pasaban por Canal 2. Y dije “cómo lo respetan”, porque nació de abajo, y conozco a las familias que iban ahí. A mí nadie me ayudó a hacer el santuario.

—¿Es mito o es verdad que Rodrigo hace milagros?

—Es verdad que hace milagros y la prueba es hoy. ¡Miren la tristeza que tenía! Había comprado cerveza, cigarrillos y la foto para ir el 24, pero el intendente no me dejaba por la pandemia. Le prendí una vela a Rodrigo. Y porque vinieron ustedes a hacerme una nota y fueron a la Municipalidad, me llamaron enseguida a decirme que me autorizaban a abrir el santuario el 24. Yo creo que el milagro me lo trajeron ustedes, a través de Rodrigo me lo mandaron.

—¿Te tocó vivir alguna experiencia con Rodrigo después de muerto?

—Si, muchas. Cuando lo habían pasado al mausoleo, ese día lo soñé en bebé. Soñé que lo tenía en brazos a Rodrigo cuando él era bebé y él me decía ahora descanso en paz. Yo me iba y quería cerrar el cajón y le apretaba la pierna. En ese instante me levantaba y lloraba.

Otra vez se me presentó una luz allá en el kilómetro donde murió, un día de su aniversario. Además tengo un departamento en donde guardo cosas de él y se iba la luz para arriba. No estoy mintiendo. Yo pasé las mil y una con Rodrigo.

—¿Y el milagro para estos 20 años cuál sería?

—Que se termine cuanto antes la pandemia. Le pido mucho a él porque extraño a mis hijos y mis nietos. Y él nos va a ayudar, van a ver. (Centro Informativo Berazategui)

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